Pintura maldita-Maldita pintura

Me aterra el silencio eterno de esos espacios infinitos” dice en Pensamientos el científico y matemático francés Blaise Pascal. Un día Pascal sufrió una grave crisis existencial y, deprimido cual ornitorrinco ante el espejo, reniega de la ciencia, el misterio insondable del universo y el peso de ser mortal y limitado. A cambio encontró redención ante el vacío y la futilidad de la vida en la religión. Si Dios no juega a los dados y además tiene un plan, incomprensible pero perfecto, que niega nuestra vacuidad, caducidad y estupidez congénita, asunto solucionado, pensó Pascal, quien falleció, de forma incomprensible pero perfecta, en 1662, a los 39 años de edad.

Desde la revisión crítica del romanticismo sobre el arte cayó idéntica responsabilidad: dotar de sentido a ese agujero negro llamado existencia. Y por supuesto con los mismos resultados. La salvación de las almas no se producirá por la contemplación de colores, material tallado, fundido o modificado o nada que aparezca con una pantalla líquida interpuesta. Eso seguro. Aunque todavía resulta una experiencia interesante o incluso agradable. No siempre, Jeff Koons. Pero sí de vez en cuando.

En estas páginas propongo una recopilación de mi obra pictórica, ya completa. Un catálogo. Una vez fui pintor, tracé una trayectoria artística irrelevante y las obras, desconocidas y sin rumbo, deambularon por trasteros y garajes. Hoy recupero mis cuadros y albergo la esperanza que, gracias a los soportes digitales, encuentren un público alejado de galerías y medios convencionales. Y con público quiero decir propietario. Porque el fin último del proyecto es pagar facturas, invertir en nuevos proyectos artísticos o perderme, como Gauguin, en alguna isla del Pacífico. Al menos unos días y con pulserita de “todo incluido”. Por lo tanto aquí muestro arte contemporáneo a precios asequibles. De haber algún interesado, puede contactar conmigo en el correo: israelsrol@gmail.com

Mi idea inicial era hacer un “libro de autor” digital pero intentaré ser práctico y aquí mostraré, a modo de escaparate, mi obra. Acompañan a las imágenes breves textos sobre el proceso de creación y las fuentes artísticas correspondientes. Quizás mis pinturas puedan ser un original regalo de boda o cumpleaños en tiempos de crisis y obligada autoproducción.

Alimenten pues, damas y caballeros, al siempre paupérrimo artista. A cambio obtendrán satisfacción moral y una linda y muy contemporánea pintura, ideal para las desnudas paredes de sus hogares y garajes.

Un asterisco rojo (*) indica los cuadros ya vendidos.

1. Ventana

ventana

Oleo sobre lienzo. 90X70 cm.

Todo cuadro es una ventana. Una figura geométrica coloreada que nos trasporta a otro lugar, otro tiempo, diferentes secuencias. Paisajes interiores de nuestro pensamiento, exteriores a nuestras fronteras, a los propios ojos. En este caso la pintura muestra literalmente una ventana. Y también el patio de luces que aparece tras ella. Tres ventanas más, dos persianas, dos muros, una cañería.

La teoría que sustenta la obra es personal. Hemos perdido la capacidad de comprender las imágenes. Al menos de una manera inequívoca. La antigua dicotomía abstracción-figuración carece de sentido. Ninguna imagen puede ser ya entendida a causa de la infinita saturación de significados, la superposición de niveles cognoscibles. Resulta ininteligible una vez ajena a su contexto artístico.

La obra representa con colores duros y planos una imagen figurativa de esencia minimalista. Los rectángulos de Malevich o Rothko. Un paisaje urbano, de tonos fríos y apagados. Una ventana que muestra ventanas. Metalenguaje circular, un referente textual y un mensaje, acaso nihilista o tal vez reconciliador. Cuando todo carece de significado, cualquier significado es igualmente válido.

2. Una tele, un vídeo y tres sillas

una tele

Oleo sobre lienzo. 90X70 cm.

Un motivo clásico de la pintura tradicional. Un bodegón. Naturaleza muerta, transmutada en tecnología caduca. Dos sillas, utilizadas de soporte. Un vídeo arcaico, una televisión apagada, cuya pantalla refleja un comedor. En el cristal la tercera silla mencionada y el esbozo del autor en el sofá. Objetos comunes, de uso cotidiano, convertidos en arqueología de materiales obsoletos. El referente artístico tras esta pintura es la instalación de Joseph Kosuth Una y tres sillas”. Esta obra consiste en una silla real, una fotografía de dicha silla y la definición de silla que ofrece el diccionario sobre la pared. El arte conceptual rechaza la producción de obras. La materia mancha y ensucia la vacua hermosura de las ideas puras, que orbitan sin mácula por las elevaciones platónicas. Este bodegón, de estética sencilla y plana, remite a la condición material del cuadro y los objetos, su caducidad, y el reflejo de la vida doméstica, cuestionando el laberinto conceptual propuesto.

3. Balcón

balcon

Oleo sobre lienzo 80X60 cm.

Una mujer joven, con gesto serio, recibe en la penumbra el atardecer, ante un balcón, con la basílica de San Francisco el Grande al fondo. Otro formato pictórico tradicional. Un retrato. Trasluz de atmósfera densa, cerrada. Una figura femenina de rasgos difuminados en la oscuridad imperante. La paleta es ocre (cortinas, paredes, iglesia) y gris (contraventana, el rostro, el cielo de Madrid), con tonos negros, de matices azules y rojos, aplicados a la silueta de la mujer hierática. Un cuadro costumbrista, una escena doméstica, y, como no puede ser de otra manera en un retrato, también emocional. Cierto matiz psicológico sobre el ambiente, la persona y la propia representación. Algo quizá no premeditado que la pátina del tiempo deposita sobre la pintura, ajena incluso a la intención inicial. Un retazo de vida, acaso con más oscuros que claros, que a pesar de todo anhela encontrar calidez en el rostro de la cariátide. Qué otra opción que ansiar (todavía) hermosura y refugio, dentro y fuera de la propia mirada. Por difícil que parezca.

4. Amor

amor

Oleo sobre lienzo. 44X33 cm.

Bello como el encuentro fortuito, sobre una mesa de disección, de una máquina de coser y un paraguas”, dice Lautréamont, en una cita reivindicada por los surrealistas. Buscar la belleza, la poesía, en los objetos cotidianos, incluso de uso escatológico. La unión de dos objetos, en este caso complementarios. La taza del baño y una escobilla, incrustada en el sumidero. Metáfora obvia de la cópula. El baño está limpio, la imagen es pulcra, aséptica. Desde la puerta abierta vemos el parqué del pasillo. Azulejos azules. Al lado la bañera, el reflejo de la taza sobre la mampara. Y utilizar un urinario para plantear una revisión artística o conceptual es una tentación casi inevitable. Un cuadro pequeño y coqueto, perfecto para todo aseo con clase y elegancia.